martes, 15 de abril de 2014

LA CONEXIÓN ENTRE EL PAN SIN LEVADURA Y LA INSTRUCCIÓN (TORAH) DE DIOS EN NUESTRO INTERIOR.


Todo los redimidos de Yahvéh en el mundo saben que la matzá es pan no leudado y que su opuesto es el jametz, que significa ‘lo que leudó o se elevó’ (pan con levadura). En la semana de Pesaj somos sumamente cuidadosos y limpiamos meticulosamente nuestros hogares para erradicar todo resto de jametz que esté en nuestra posesión antes del comienzo de la festividad.

¿Pero cuál es la diferencia entre el proceso de horneado de pan (jametz) y el de horneado de matzá?

Es interesante saber que la misma masa puede ser utilizada para ambos. La diferencia es la siguiente: para evitar que la masa de matzá fermente, crezca y leude (convirtiéndose en jametz y quedando prohibida para su uso durante Pesaj) la masa de matzá se trabaja, amasa, apisona y achata durante la etapa inicial del proceso. Los panaderos no pausan ni por un instante. La única forma de hacer que el producto siga siendo matzá es trabajar exhaustivamente en las fases de amasado y apisonado y meterla en el horno inmediatamente después. Un solo momento de retraso (aunque técnicamente el retraso podría durar hasta 18 minutos en circunstancias extremas) podría cambiar su estatus, pasando de ser el objeto con el cual cumplimos la mitzvá (mandamiento) de comer matzá, a ser un objeto que está prohibido en Pesaj.

La diferencia entre la matzá y el jametz es literalmente un tema de diligencia, concentración, esfuerzo y, principalmente, una aguda consciencia del tiempo.

La matzá es el alimento que representa todas esas características en nuestro llamado mesiánico: no quedarse cruzado de brazos dejando que las cosas fluyan de acuerdo a su curso natural. Es el símbolo de nuestro deber cotidiano de realizar tareas con diligencia y concentración en el momento en que hay que hacerlas, ni siquiera un momento después. Esta característica, conocida en hebreo como zerizut, ‘presteza’, es uno de los ingredientes clave para vivir una vida espiritual que en Yahshúa estamos llamados a vivir.

La Torá nos está diciendo, indirectamente, que debemos respetar las mitzvot (los mandamientos de Yahvéh) de la misma forma en que hacemos las matzot: con diligencia, atención y concentración. Tal como no permites que la masa de matzá fermente o leude por causa de un retraso en tu tarea, no permitas que ninguna mitzvá (mandamiento) que se presente ante ti se avinagre y fermente a causa del retraso y el aplazamiento y se arruine así el cumplimiento de Su propósito eterno.

La Fiesta de los Panes sin Levadura (en hebreo Jag HaMatsot) es la festividad de ‘hacer’, ya que en ella la fe recibida se convierte en obras de justicia que concretan  en el mundo natural las bendiciones en cada casa redimida en Pesaj. La matzá representa muchas cosas pero, por sobre todo, representa diligencia y entusiasmo en el servicio a nuestro Creador y Abba.

Es muy interesante profundizar este análisis de la conexión que existe entre matzá y mitzvá (el mandamiento) ya que la misma nos enseña otra cosa más. No sólo debemos poseer matzá en nuestras casas, sino que también debemos comerla. Y tal como al ingerir matzá la convertimos en parte de nuestro sistema, asimismo debemos internalizar las mitzvot (los mandamientos) que realizamos, convirtiéndolas en parte integral de nuestro ser, y testimonio fiel y real de nuestra Alianza en el Mesías.

Cuando estemos cumpliendo con la mitzvá de comer matzá, espero que la equivalencia de ambas nos inspire a absorber sus numerosos mensajes: un mayor entusiasmo y diligencia en todo lo que hacemos, una consciencia mayor del significado del tiempo, una conexión más elevada con Dios y con el hombre por medio de ser más genuinos, simples y menos presuntuosos y extravagantes.

Espero que logremos internalizar la festividad de Pesaj y no sólo internalizar los deliciosos matzots que comemos durante estos días.



lunes, 7 de abril de 2014

LA MATANZA DEL CORDERO PASCUAL: UNA IDEA BIZARRA PARA UN CAMINO DE SABIA PROMOCIÓN

P.A. David Nesher 


El requisito que el Eterno entregó para que los hijos de Israel fueran salvados en la historia de Pesaj fue que degollaran un cordero y embadurnaran su sangre en los marcos de las puertas, para que de esta forma Dios pudiese pasar por alto ese hogar y salvar a sus habitantes.

Ahora bien, la pregunta que siempre surge en el lector de este relato es: ¿cuál fue el significado de este bizarro ritual?

El cordero era el dios nacional de Egipto. Los egipcios pensaban que el alma de Osiris, su dios principal, se había corporizado en el cordero de Mendés y lo llamaban “alma de Ra” (dios solar serpiente) Esa 'reencarnación' era reconocida por los sacerdotes gracias a las distintas marcas que el cordero llevaba en su cuerpo. 

Se lo adoraba en el inicio de la primavera (mes aviv) como dios de la fertilidad y su atributo era una espiga de trigo. Era el objeto de su idolatría y, para ameritar la liberación, los miembros de Israel debían probar que no compartían los ídolos falsos de los egipcios.

Hace falta un gran coraje para ir en contra de la definición popular del éxito. Hace falta una gran fortaleza espiritual para negar el atractivo superficial del estilo de vida hedonista. Hace falta un increíble valor para elegir una vida de significado por sobre las vanidades de la tendencia y la moda que imponen los íconos (ídolos o imágenes falsas) de una cultura.

Y eso es exactamente lo que tuvieron que hacer los hebreos de Egipto para merecer el milagro del primer Pesaj, el milagro que permitió que hoy nosotros nos convirtiéramos, mediante el Cordero de Dios, en el pueblo elegido de Yahwéh. Tuvieron que matar al cordero de la idolatría egipcia. 

Nuestro desafío hoy es imitar aquel heroísmo en su formato contemporáneo.

Anhelo que el Espíritu Santo de Dios los guíe para ejercer Su fe heróica y así manifestarse cómo Su Pueblo.

Shalom.

P.A. David Nesher

NISÁN o Abib: Padre del Año del Eterno.




El mes de Nisán es conocido en Israel como Jodesh Abib (el mes de la Primavera). 

Abib es el mes en el calendario hebreo, cuando la cebada ha alcanzado su madurez y/o superado esta etapa (Éxodo 13:4; 23:15). Desde el cautiverio babilónico, la Casa de Judá denominó a este mes con el nombre de Nisán (Nehemías 2:1, Ester 3:7). 

Hoy, estamos tan familiarizados con el término Nisán, que hemos perdido la conciencia profética de los códigos celestiales que se encierra en el nombre Abib. Sin embargo, al estudiar el término hebreo para este mes, podemos obtener mayor revelación de cómo peregrinar espiritualmente en el cumplimiento pleno del propósito eterno de Dios en nuestra vidas. 

Abib es un término de cosecha, y es la etapa de crecimiento cuando las semillas ya han alcanzado su tamaño final. En el decimosexto día del mes, la cosecha se iniciaba por reunir una gavilla de cebada (Primicias), que se ofrecía como sacrificio a Dios (Levítico 23:4-11), cuando el Templo existía. Así que mediante el estudio de este período de tiempo podemos ganar principios de cosecha.


Es interesante aportar que estudiando los códigos de la palabra Abib logramos ver que se puede separar en dos palabras: 

Ab, por un lado, e ib, por el otro. La palabra “AB” significa Padre . La expresión “ib” en formada por las letras Yud y Bet suma el total de 12. Desde esta consideración se nos permite decir que Abib o Nisán es el mes o tiempo "Padre de los 12 meses". 

Por eso, necesitamos entender que este mes no es otro mes más. Este mes contiene la renovación de todos los meses del año. En él, y durante cada uno de sus días, se renueva la gracia divina de ejercer nuestra conexión con la LUZ del YHVH.

El mes de Nisán es un portal celestial. Es la entrada a una vida donde prima la Libertad que el Eterno otorga a aquellos que aman el conocimiento de la Verdad (Juan 8:32) 

Es muy importante que recordemos siempre que los primeros 12 días de Nisán controlan los siguientes 12 meses del año. Eso significa que en este Rosh Jodesh (Luna Nueva) en particular uno puede afectar positivamente la energía de todo el año por venir. 

Es necesario entonces que entiedas que cuando llega el mes de Nisán, comienza el año nuevo de YHVH, el bien llamado "año nuevo de los reyes". De este modo te quedará bien claro que todos los meses del año están doblados y metidos en el primer día de Nisán. 

Entonces la Luna Nueva (Rosh Jodes Nissán) en realidad es una fiesta que celebra a los 12 meses del año nuevo que llegan escondidos en ella. Son como 12 paquetes de renovación metidas adentro de un solo día.

¿Que sucede a partir de ese primer día de Nisán? 

Por los próximos 12 días empezamos a desdoblar, desplegar y revelar la energía de cada uno de los meses. En esta gran oportunidad, tenemos la capacidad de tomar control de cada mes en 12 días y afectar positivamente el resto del año para eliminar el caos potencial desde su nivel semilla. 

Es el mes oportuno en el que se nos otorga el conocimiento profético necesario para planificar cada año de la vida y reinado en los lineamientos pautados en la Torah por el Eterno Dios. En los primeros doce días de Nisán se establece en el mundo visible representaciones perfectas de los diseños escondidos en los ámbitos invisibles. 

Es por esta causa que en los primeros 12 días de Nisan se determina y se programa, mediante oración y ayuno, como va a ser cada mes del año siguiente.

En estos 12 días que hay que prestar mucha atención porque lo que uno puede lograr en ellos permitirá que lo hagamos en el resto del año. 

Para este propósito es que estoy publicando cada día una guía de ayuda en esta peregrinación profética que nuestro espíritu está haciendo en los doce meses venideros. 

Si están interesados en conocer más lineamientos acerca de estos secretos celestiales los invito a leer: Doce días para profetizar doce meses.

¡Con todo el amor pefecto del Mesías Yashúa, los bendigo en Su Shalom!

P.A. David Nesher

miércoles, 8 de enero de 2014

Shevat: la manifestación de las vasijas llenas de tesoros


El undécimo mes (shevat) está representado por un cántaro (o vasija) de barro lleno de agua. En hebreo la palabra “delí"(cántaro/ vasija) comparte su raíz con “lidelot” que alude al acto de extraer agua de las profundidades. 

La “delí” (cántaro/ vasija) es para la mentalidad hebrea el símbolo del servicio a su máxima expresión. Es que justamente, la vasija o cántaro es necesaria para sacar agua del pozo y transportarla hacia un lugar con necesidad.

Si observamos con reflexión el símbolo notaremos que esa agua está siendo contenida por una vasija, lo que nos habla del agua justa y necesaria, ya que todos sabemos que exceso de agua es dañino. De este mismo modo, la fe, poder creativo del Eterno, nos ha sido dada en la medida exacta a nosotros sus vasijas de barro (Romanos 12:3,6; 2 Corintios 4:7). 

El mes de shevat, de acuerdo a este símbolo, es un tiempo oportuno para traer a la superficie lo que está oculto, tapado y sellado. Son días llenos del poder divino que te permite profundizar y descubrir esos ríos de vida que el Espíritu de YHVH ha colocado en lo más profundo de tu interior por creación y redención mesiánica. Será pues muy oportuno, que practiques ejercicios espirituales que te permitan desde la oración y la meditación de la Torah fluir hacia tu exterior y transformar toda sequedad que someta a tu entorno.

Vive cada día de este mes en la plena conciencia de ser un instrumento de amor en sus manos. Eres la vasija, llena de Su justa medida para servir a Su propósito eterno escondido en el interior de los hombres que aún duermen aturdidos por los susurros de la Gran Babilonia.

Shevat es un tiempo oportuno para renacer en la sabiduría que otorga el servicio. Es el ciclo que permite transformar la potencia en acto. Son días de inspiración y creatividad. Todo trata de la renovación.

Ofrécete humildemente para que Él renueve todo y a todos los que están en tus áreas de amor. 

domingo, 5 de enero de 2014

Shevat: El mes del poder creativo que renueva


Desde el 1º de enero, al atardecer, hemos con gozo entrado en el 11º mes lunar llamado por el Israel actual Shevat. Las Escrituras siempre se refieren a éste como el undécimo mes: "Y fue en el cuadragésimo año, en el undécimo mes..." (Deuteronomio 1:3); "en el día veinticuatro del undécimo mes, el mes de Shevat..." (Zac. 1:7).

El nombre de este mes deriva del hebreo shevet, que significa rama, y hace alusión a uno de los componentes de un árbol, cuya principal función será proveer de brotes o renuevos y florecer hasta fructificar. 

Las ramas también eran utilizadas en Israel como bastón de los ancianos (sabios) de una ciudad y vara para los pastores, lo que le da el significado simbólico de poder que guía a mejor modo de vida. 

Es justamente el mes del poder creativo del Eterno. Es decir, es el tiempo oportuno para ejercer la fe en servicio renovador de nuestro entorno.

El mes de Shevat es el ciclo lunar oportuno que el Eterno nos otorga para desarrollar la creatividad divina que está contenida dentro de nosotros y que hemos obtenido gracias a la bondad sin límites del Creador.

Es un mes cuyos días están llenos de inmensa energía positiva,  determinada por dos elementos fundamentales en nuestra creatividad y desarrollo, como son el agua y el aceite, que según los sabios de Israel están presentes en la raíz de este mes. El agua, simboliza la vida del Tzadik (Justo) es decir, el poder de la fe: “el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17). El aceite o Unción del Eterno es el símbolo de la sabiduría que en nosotros se debe manifestar. Es sólo por ellas dos que Cristo será manifestado en nosotros (1Corintios 1:24) 

lunes, 30 de diciembre de 2013

20 preguntas efectivas para permitir que tu vida pase de un año a otro


Una forma efectiva de hacer que tu vida avance es hacerte preguntas existenciales. Un tiempo muy oportuno es el que cierra el ciclo de cada año solar. 

Antes de que las leas y te pongas a contestarlas necesito dejarte algunas sabias sugerencias:
  • No trates de responder todas las preguntas inmediatamente. 
  • Tómate un poco de tiempo y medita sobre cada una por al menos cinco minutos.
  • Cuando te sientas satisfecho por tener una respuesta concreta y realista continúa con la pregunta siguiente. 
  • Te vendrá bien dividir la tarea en varias sesiones.
  • Luego vuelve a cada respuesta y clarifícala. 
  • Después, realiza un plan de acción para lograr tus objetivos.


Si has entendido todo esto, te invito pues a hacerte estos veinte cuestionamientos personales que te permitirán cerrar el año que finaliza no como un tiempo que se va, sino como un ciclo que se cierra y permite abrir un ciclo nuevo.

(1) ¿Cuándo siento con más intensidad que mi vida es significativa?
(2) ¿Qué es lo que me haría más feliz en el mundo?
(3) ¿Cuáles fueron mis tres logros más significativos en el último año?
(4) ¿Cuáles fueron mis cinco mayores errores en el último año?
(5) ¿Por qué proyecto u objetivo inconcluso me arrepentiré más dentro de un año?
(6) Si supiera que no podría fallar, ¿qué trataría de lograr en la vida?
(7) ¿Cuáles son mis tres principales objetivos en la vida? ¿Qué pasos prácticos puedo tomar, en los próximos dos meses, hacia esos objetivos?
(8) ¿Cuál es la decisión más importante que tengo que hacer este año?
(9) ¿Qué decisión importante evité el año pasado?
(10) ¿Qué actividad me da la mayor sensación de respeto hacia mí mismo?
(11) ¿Qué tipo de persona quiero ser dentro de un año?
(12) ¿Qué tipo de persona quiero ser dentro de cinco años?
(13) Durante este año que se va, ¿mis relaciones más importantes se reforzaron y profundizaron o se estancaron y fueron a la deriva?
(14) ¿Qué puedo hacer este año para nutrir esas relaciones?
(15) ¿En qué áreas de mi vida me estoy escondiendo del Eterno Dios?
(16) ¿Cuál sería un paso que me puedo comprometer a dar para acercarme a Dios como mi Abba?
(17) Si pudiera cambiar sólo una cosa de mi persona, ¿qué sería?
(18) ¿Hay ideales por los que estaría dispuesto a morir?
(19) Si pudiera volver a vivir mi vida, ¿qué cambiaría?
(20) ¿Qué me gustaría que esté escrito en mi lápida? ¿Cómo comienzo a vivir así ahora?

jueves, 13 de junio de 2013

Altar: códigos del corazón humano sujeto al Eterno Dios.

 Por David Nesher
La historia de la Salvación nos revela que la relación adecuada entre el ser humano y la divinidad es la adoración. En la relación de hijos que el Mesías nos da con el Padre, entendemos que hemos dado un paso significativo en nuestra vida de fe cuando nos encontremos con el hecho de que hemos aprendido a adorar al Eterno y verdadero Dios. La adoración verdadera conlleva el reconocimiento de que Dios está en lo alto y nosotros estamos en lo bajo; de que Dios es santo y nosotros pecadores aceptos en Su gracia; de que Dios es inmensamente grande y sublime y que nosotros somos pequeños, casi insignificantes, un minúsculo grano en la inmensidad de la creación; de que Dios es todo sabiduría y nosotros, la mayoría de las veces, necedad y vanidad. Ya sea por estas u otras razones, entendems en el acto de la adoración que estamos inhabilitados para tratar a Dios directamente; es como si necesitásemos de un medio o algo que nos permita presentarnos ante Dios para ofrecer tan siquiera un humilde y tosco tributo. 

Jamás hombre alguno ha podido acercarse al Dios verdadero basado y amparado en su propia virtud, sino que, desde los inicios mismos de la historia humana, el que en verdad se ha acercado a él, lo ha hecho apoyándose en una ofrenda por sus pecados, o un sacrificio sustitutivo a su favor, o en una promesa de perdón recibida de parte de Dios mismo. Y en este acercarse a Dios por parte de los hombres de la antigüedad, un elemento pleno de significados es el altar: una especie de estructura sobre la que se ofrecían a Dios ofrendas, generalmente de animales sacrificados, como un acto de adoración. 
 La primera vez que aparece la palabra altar en las Sagradas Escrituras es en Génesis capítulo 8, versículo 20, cuando Noé edificó un altar y tomó de todo animal limpio y  lo ofreció en olor fragante a YHVH.  

Desde los tiempos antiguos encontramos hombres como Noé, Abraham, Isaac, Moisés, David, Gedeón etc. construyendo altar al Señor. Entendemos que el altar era un símbolo de sacrificio, adoración y sabemos que muchas veces se construía para recordar la promesa de Dios. En el tabernáculo de reunión, y en el templo de Salomón, se construyo el altar de bronce y el altar del incienso en dónde se ofrecía el holocausto y se quemaba el incienso aromático respectivamente. 

Al entrar en el tabernáculo que Moisés construyó en el desierto, de acuerdo al diseño que se le reveló, el altar era lo primero con lo que el adorador se encontraba. Era lo que estaba a primera vista. Además era el objeto mas grande en el tabernáculo. 

De acuerdo a estos testimonios escriturales surge el siguiente cuestionamiento: ¿por qué Dios demanda que se le haga altar?

Para poder entender mejor el altar, los invito a dar un vistazo a las palabras en hebreo y griego, utilizadas en la Tanaj y los libros del Nuevo Pacto, para referirse a esta expresión.
En hebreo encontramos tres maneras para decir ALTAR:
  1. - MIZBEAJ: Significa "un lugar alto donde se hacen sacrificios".Este vocablo se usa más de 400 veces en el Antiguo Testamento. Aparece por primera vez en Génesis: 8:20. 
  2. - ZABAJ: significa "matar para comer" o "sacrificar".
  3. - ZEBAJ: "Sacrificio que establece comunión entre Dios y los que comen el sacrificio".

Innumerables son los altares que se registran en el Antiguo Testamento (Tanaj) en el devenir de la historia de la salvación: el «altar» de Noé (Gn 8.20); los de Abram en Siquem (Gn 12.7), en Bet-el (Gn 12.8) y en el monte Moriah (Gn 22.9); el de Isaac en Beerseba (Gn 26.25); de Jacob en Siquem (Gn 33.20); de Moisés en Horeb (Éx 24.4); de Samuel en Ramá (1 S 7.17); del templo de Jerusalén (1 R 6.20; 8.64); y los dos «altares» previstos por Ezequiel en el templo restaurado (Ez 41.22; 43.13–17).

El primer altar que el hombre edificó fue levantado para adorar a Dios y esa es  la principal razón por la que nosotros también debemos edificar un altar al Señor en nuestra vida diaria. Los hombres en la antigüedad tenían claro que el altar hablaba constantemente de la relación del ser humano con Dios, tuviese o no tuviese ofrenda sobre sí. El altar de por sí ya era una señal que proclamaba poderosamente todo un mensaje de parte de Dios para las personas. El altar era una forma de recordatorio para aquellos que estaban llamados a relacionarse con el Dios Eterno: recordaba constantemente que Dios se había manifestado a ellos, que les había dado sus palabras, que en momentos especiales se reveló a ellos comprometiéndoles para con él. Era una especie de testimonio perenne de que Dios había venido manifestándose a ellos desde hacía tiempo con fiel y santo amor.     

Entendiendo que lo del Antiguo Testamento fue una sombra y figura de lo que habría de venir, hoy nosotros también somos llamados a presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios que es nuestro culto racional (Romanos 12:1). Al igual como eran ofrecidos los sacrificios en los tiempos antiguos (animales sacrificados), hoy somos nosotros invitados a subir voluntariamente al altar y presentar un sacrificio vivo a Dios. El Eterno Padre nos llama a edificar un altar para él en nuestras vidas. Es un llamado a invocar su nombre en la vida diaria, en nuestro lugar de permanencia (casa, sitio de trabajo, lugar de estudio, etc.). Es un llamado a reconocer nuestra vulnerabilidad y necesidad de su bendición. Es un llamado a establecer señales que tengan un real significado para las decisiones que tomamos en nuestro diario andar. Es un llamado a la fe, a la consagración, a reconocer su santidad y la necesidad de que nosotros también lo seamos, es un llamado a la esperanza y a la adoración. 

A esta altura de nuestro estudio nos debemos preguntar: ¿Cómo se restaura el altar? ¿cuáles son los principios para restaurarlo? Para responder estas preguntas nos es necesario regresar a la consideración del significado de la palabra hebrea mizbeaj usada para altar.



En la palabra MIZBEAJ cada una de las letras  consonante que la forman tiene un significado especial (recuerde que el hebreo las vocales se suprimen) formando un acróstico que permite desifrar los códigos secretos escondidos en la palabra altar: 

La letra M significa: Mejilá = Perdón;

La letra Z significa: Zejut = Justicia (buenas acciones);

La letra B significa: Beraka = Bendición;

La letra J significa: Jayim = Vida.


El mensaje oculto en los códigos que forma el altar nos da a entender que si nosotros restauramos cada uno de estos conceptos en nuestras vidas tendremos un altar que permitirá la activación diaria de nuestro gozo y el ejercicio excelente de nuestra fe. 


Restaurar nuestro altar cada mañana, por medio de la oración matutina y el estudio de la Escritura, reactiva en nosotros Su gracia a través del poder del perdón en la sangre del Cordero. Esto manifiesta Su justicia que nos fortalece para realizar buenas obras. Por ellas, nos alcanzarán todas las bendiciones garantizadas por promesas divinas en Su Ley (Torah) y eso realmente garantiza Vida, y vida en abundancia, es decir, la que alcanza con la misericordia del Eterno, hasta la tercera generación.