miércoles, 8 de enero de 2014

Shevat: la manifestación de las vasijas llenas de tesoros


El undécimo mes (shevat) está representado por un cántaro (o vasija) de barro lleno de agua. En hebreo la palabra “delí"(cántaro/ vasija) comparte su raíz con “lidelot” que alude al acto de extraer agua de las profundidades. 

La “delí” (cántaro/ vasija) es para la mentalidad hebrea el símbolo del servicio a su máxima expresión. Es que justamente, la vasija o cántaro es necesaria para sacar agua del pozo y transportarla hacia un lugar con necesidad.

Si observamos con reflexión el símbolo notaremos que esa agua está siendo contenida por una vasija, lo que nos habla del agua justa y necesaria, ya que todos sabemos que exceso de agua es dañino. De este mismo modo, la fe, poder creativo del Eterno, nos ha sido dada en la medida exacta a nosotros sus vasijas de barro (Romanos 12:3,6; 2 Corintios 4:7). 

El mes de shevat, de acuerdo a este símbolo, es un tiempo oportuno para traer a la superficie lo que está oculto, tapado y sellado. Son días llenos del poder divino que te permite profundizar y descubrir esos ríos de vida que el Espíritu de YHVH ha colocado en lo más profundo de tu interior por creación y redención mesiánica. Será pues muy oportuno, que practiques ejercicios espirituales que te permitan desde la oración y la meditación de la Torah fluir hacia tu exterior y transformar toda sequedad que someta a tu entorno.

Vive cada día de este mes en la plena conciencia de ser un instrumento de amor en sus manos. Eres la vasija, llena de Su justa medida para servir a Su propósito eterno escondido en el interior de los hombres que aún duermen aturdidos por los susurros de la Gran Babilonia.

Shevat es un tiempo oportuno para renacer en la sabiduría que otorga el servicio. Es el ciclo que permite transformar la potencia en acto. Son días de inspiración y creatividad. Todo trata de la renovación.

Ofrécete humildemente para que Él renueve todo y a todos los que están en tus áreas de amor. 

domingo, 5 de enero de 2014

Shevat: El mes del poder creativo que renueva


Desde el 1º de enero, al atardecer, hemos con gozo entrado en el 11º mes lunar llamado por el Israel actual Shevat. Las Escrituras siempre se refieren a éste como el undécimo mes: "Y fue en el cuadragésimo año, en el undécimo mes..." (Deuteronomio 1:3); "en el día veinticuatro del undécimo mes, el mes de Shevat..." (Zac. 1:7).

El nombre de este mes deriva del hebreo shevet, que significa rama, y hace alusión a uno de los componentes de un árbol, cuya principal función será proveer de brotes o renuevos y florecer hasta fructificar. 

Las ramas también eran utilizadas en Israel como bastón de los ancianos (sabios) de una ciudad y vara para los pastores, lo que le da el significado simbólico de poder que guía a mejor modo de vida. 

Es justamente el mes del poder creativo del Eterno. Es decir, es el tiempo oportuno para ejercer la fe en servicio renovador de nuestro entorno.

El mes de Shevat es el ciclo lunar oportuno que el Eterno nos otorga para desarrollar la creatividad divina que está contenida dentro de nosotros y que hemos obtenido gracias a la bondad sin límites del Creador.

Es un mes cuyos días están llenos de inmensa energía positiva,  determinada por dos elementos fundamentales en nuestra creatividad y desarrollo, como son el agua y el aceite, que según los sabios de Israel están presentes en la raíz de este mes. El agua, simboliza la vida del Tzadik (Justo) es decir, el poder de la fe: “el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17). El aceite o Unción del Eterno es el símbolo de la sabiduría que en nosotros se debe manifestar. Es sólo por ellas dos que Cristo será manifestado en nosotros (1Corintios 1:24) 

lunes, 30 de diciembre de 2013

20 preguntas efectivas para permitir que tu vida pase de un año a otro


Una forma efectiva de hacer que tu vida avance es hacerte preguntas existenciales. Un tiempo muy oportuno es el que cierra el ciclo de cada año solar. 

Antes de que las leas y te pongas a contestarlas necesito dejarte algunas sabias sugerencias:
  • No trates de responder todas las preguntas inmediatamente. 
  • Tómate un poco de tiempo y medita sobre cada una por al menos cinco minutos.
  • Cuando te sientas satisfecho por tener una respuesta concreta y realista continúa con la pregunta siguiente. 
  • Te vendrá bien dividir la tarea en varias sesiones.
  • Luego vuelve a cada respuesta y clarifícala. 
  • Después, realiza un plan de acción para lograr tus objetivos.


Si has entendido todo esto, te invito pues a hacerte estos veinte cuestionamientos personales que te permitirán cerrar el año que finaliza no como un tiempo que se va, sino como un ciclo que se cierra y permite abrir un ciclo nuevo.

(1) ¿Cuándo siento con más intensidad que mi vida es significativa?
(2) ¿Qué es lo que me haría más feliz en el mundo?
(3) ¿Cuáles fueron mis tres logros más significativos en el último año?
(4) ¿Cuáles fueron mis cinco mayores errores en el último año?
(5) ¿Por qué proyecto u objetivo inconcluso me arrepentiré más dentro de un año?
(6) Si supiera que no podría fallar, ¿qué trataría de lograr en la vida?
(7) ¿Cuáles son mis tres principales objetivos en la vida? ¿Qué pasos prácticos puedo tomar, en los próximos dos meses, hacia esos objetivos?
(8) ¿Cuál es la decisión más importante que tengo que hacer este año?
(9) ¿Qué decisión importante evité el año pasado?
(10) ¿Qué actividad me da la mayor sensación de respeto hacia mí mismo?
(11) ¿Qué tipo de persona quiero ser dentro de un año?
(12) ¿Qué tipo de persona quiero ser dentro de cinco años?
(13) Durante este año que se va, ¿mis relaciones más importantes se reforzaron y profundizaron o se estancaron y fueron a la deriva?
(14) ¿Qué puedo hacer este año para nutrir esas relaciones?
(15) ¿En qué áreas de mi vida me estoy escondiendo del Eterno Dios?
(16) ¿Cuál sería un paso que me puedo comprometer a dar para acercarme a Dios como mi Abba?
(17) Si pudiera cambiar sólo una cosa de mi persona, ¿qué sería?
(18) ¿Hay ideales por los que estaría dispuesto a morir?
(19) Si pudiera volver a vivir mi vida, ¿qué cambiaría?
(20) ¿Qué me gustaría que esté escrito en mi lápida? ¿Cómo comienzo a vivir así ahora?

jueves, 13 de junio de 2013

Altar: códigos del corazón humano sujeto al Eterno Dios.

 Por David Nesher
La historia de la Salvación nos revela que la relación adecuada entre el ser humano y la divinidad es la adoración. En la relación de hijos que el Mesías nos da con el Padre, entendemos que hemos dado un paso significativo en nuestra vida de fe cuando nos encontremos con el hecho de que hemos aprendido a adorar al Eterno y verdadero Dios. La adoración verdadera conlleva el reconocimiento de que Dios está en lo alto y nosotros estamos en lo bajo; de que Dios es santo y nosotros pecadores aceptos en Su gracia; de que Dios es inmensamente grande y sublime y que nosotros somos pequeños, casi insignificantes, un minúsculo grano en la inmensidad de la creación; de que Dios es todo sabiduría y nosotros, la mayoría de las veces, necedad y vanidad. Ya sea por estas u otras razones, entendems en el acto de la adoración que estamos inhabilitados para tratar a Dios directamente; es como si necesitásemos de un medio o algo que nos permita presentarnos ante Dios para ofrecer tan siquiera un humilde y tosco tributo. 

Jamás hombre alguno ha podido acercarse al Dios verdadero basado y amparado en su propia virtud, sino que, desde los inicios mismos de la historia humana, el que en verdad se ha acercado a él, lo ha hecho apoyándose en una ofrenda por sus pecados, o un sacrificio sustitutivo a su favor, o en una promesa de perdón recibida de parte de Dios mismo. Y en este acercarse a Dios por parte de los hombres de la antigüedad, un elemento pleno de significados es el altar: una especie de estructura sobre la que se ofrecían a Dios ofrendas, generalmente de animales sacrificados, como un acto de adoración. 
 La primera vez que aparece la palabra altar en las Sagradas Escrituras es en Génesis capítulo 8, versículo 20, cuando Noé edificó un altar y tomó de todo animal limpio y  lo ofreció en olor fragante a YHVH.  

Desde los tiempos antiguos encontramos hombres como Noé, Abraham, Isaac, Moisés, David, Gedeón etc. construyendo altar al Señor. Entendemos que el altar era un símbolo de sacrificio, adoración y sabemos que muchas veces se construía para recordar la promesa de Dios. En el tabernáculo de reunión, y en el templo de Salomón, se construyo el altar de bronce y el altar del incienso en dónde se ofrecía el holocausto y se quemaba el incienso aromático respectivamente. 

Al entrar en el tabernáculo que Moisés construyó en el desierto, de acuerdo al diseño que se le reveló, el altar era lo primero con lo que el adorador se encontraba. Era lo que estaba a primera vista. Además era el objeto mas grande en el tabernáculo. 

De acuerdo a estos testimonios escriturales surge el siguiente cuestionamiento: ¿por qué Dios demanda que se le haga altar?

Para poder entender mejor el altar, los invito a dar un vistazo a las palabras en hebreo y griego, utilizadas en la Tanaj y los libros del Nuevo Pacto, para referirse a esta expresión.
En hebreo encontramos tres maneras para decir ALTAR:
  1. - MIZBEAJ: Significa "un lugar alto donde se hacen sacrificios".Este vocablo se usa más de 400 veces en el Antiguo Testamento. Aparece por primera vez en Génesis: 8:20. 
  2. - ZABAJ: significa "matar para comer" o "sacrificar".
  3. - ZEBAJ: "Sacrificio que establece comunión entre Dios y los que comen el sacrificio".

Innumerables son los altares que se registran en el Antiguo Testamento (Tanaj) en el devenir de la historia de la salvación: el «altar» de Noé (Gn 8.20); los de Abram en Siquem (Gn 12.7), en Bet-el (Gn 12.8) y en el monte Moriah (Gn 22.9); el de Isaac en Beerseba (Gn 26.25); de Jacob en Siquem (Gn 33.20); de Moisés en Horeb (Éx 24.4); de Samuel en Ramá (1 S 7.17); del templo de Jerusalén (1 R 6.20; 8.64); y los dos «altares» previstos por Ezequiel en el templo restaurado (Ez 41.22; 43.13–17).

El primer altar que el hombre edificó fue levantado para adorar a Dios y esa es  la principal razón por la que nosotros también debemos edificar un altar al Señor en nuestra vida diaria. Los hombres en la antigüedad tenían claro que el altar hablaba constantemente de la relación del ser humano con Dios, tuviese o no tuviese ofrenda sobre sí. El altar de por sí ya era una señal que proclamaba poderosamente todo un mensaje de parte de Dios para las personas. El altar era una forma de recordatorio para aquellos que estaban llamados a relacionarse con el Dios Eterno: recordaba constantemente que Dios se había manifestado a ellos, que les había dado sus palabras, que en momentos especiales se reveló a ellos comprometiéndoles para con él. Era una especie de testimonio perenne de que Dios había venido manifestándose a ellos desde hacía tiempo con fiel y santo amor.     

Entendiendo que lo del Antiguo Testamento fue una sombra y figura de lo que habría de venir, hoy nosotros también somos llamados a presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios que es nuestro culto racional (Romanos 12:1). Al igual como eran ofrecidos los sacrificios en los tiempos antiguos (animales sacrificados), hoy somos nosotros invitados a subir voluntariamente al altar y presentar un sacrificio vivo a Dios. El Eterno Padre nos llama a edificar un altar para él en nuestras vidas. Es un llamado a invocar su nombre en la vida diaria, en nuestro lugar de permanencia (casa, sitio de trabajo, lugar de estudio, etc.). Es un llamado a reconocer nuestra vulnerabilidad y necesidad de su bendición. Es un llamado a establecer señales que tengan un real significado para las decisiones que tomamos en nuestro diario andar. Es un llamado a la fe, a la consagración, a reconocer su santidad y la necesidad de que nosotros también lo seamos, es un llamado a la esperanza y a la adoración. 

A esta altura de nuestro estudio nos debemos preguntar: ¿Cómo se restaura el altar? ¿cuáles son los principios para restaurarlo? Para responder estas preguntas nos es necesario regresar a la consideración del significado de la palabra hebrea mizbeaj usada para altar.



En la palabra MIZBEAJ cada una de las letras  consonante que la forman tiene un significado especial (recuerde que el hebreo las vocales se suprimen) formando un acróstico que permite desifrar los códigos secretos escondidos en la palabra altar: 

La letra M significa: Mejilá = Perdón;

La letra Z significa: Zejut = Justicia (buenas acciones);

La letra B significa: Beraka = Bendición;

La letra J significa: Jayim = Vida.


El mensaje oculto en los códigos que forma el altar nos da a entender que si nosotros restauramos cada uno de estos conceptos en nuestras vidas tendremos un altar que permitirá la activación diaria de nuestro gozo y el ejercicio excelente de nuestra fe. 


Restaurar nuestro altar cada mañana, por medio de la oración matutina y el estudio de la Escritura, reactiva en nosotros Su gracia a través del poder del perdón en la sangre del Cordero. Esto manifiesta Su justicia que nos fortalece para realizar buenas obras. Por ellas, nos alcanzarán todas las bendiciones garantizadas por promesas divinas en Su Ley (Torah) y eso realmente garantiza Vida, y vida en abundancia, es decir, la que alcanza con la misericordia del Eterno, hasta la tercera generación.

viernes, 10 de mayo de 2013

SIVÁN: Mes en que celebro la plenitud de la Redención.


 Al tercer mes de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, ese mismo día, llegaron al desierto de Sinaí. Partieron de Refidim, llegaron al desierto de Sinaí y acamparon en el desierto; allí, delante del monte, acampó Israel. Y Moisés subió hacia Dios, y el SEÑOR lo llamó desde el monte, diciendo: "Así dirás a la casa de Jacob y anunciarás a los hijos de Israel: 
Vosotros habéis visto lo que he hecho a los egipcios, y cómo os he tomado sobre alas de águilas y os he traído a mí. Ahora pues, si en verdad escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis mi especial tesoro entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; y vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa." Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel. 
(Exodo 19:1-6)

Para el pueblo de Dios, la liberación que comenzó en Egipto encuentra su culminación en el Monte del Señor. Hoy, para nosotros, sus hijos, ese monte no es Sinaí, sino el Monte de Sión (Hebreos 12: 22-24). 

Para el Israel del Antiguo Pacto quedó bien claro que el escape de la esclavitud en la Pascua no sería completo si no hubieran recibido la Torá en el Monte Sinaí, la cual representa la “constitución” de la nación de Israel. Para nosotros, los que estamos en Su Gracia a través del Mesías, la liberación no estaría completa sin el Espíritu Santo implantándonos Su Instrucción en lo más profundo de nuestra esencia humana: nuestro espíritu.

El paradigma es claro y completo: ¡no sólo se trata de librarnos de la esclavitud del pecado, sino de aprender a vivir una vida en libertad que manifieste Su plenitud y abundancia! 

En la dispensación de Su Gracia el propósito de la Ley encarnada en nosotros, no es “esclavizarnos” sino enseñarnos a vivir una mejor vida. 

En conclusión, el mensaje del evangelio del Reino de Dios se fundamenta en que el escape del pecado no sería completo si no nos hemos sometido a la obediencia de la Palabra de Dios.

Shalom.

P.A. David Nesher

lunes, 1 de abril de 2013

¡CRISTO HA RESUCITADO!... ¡TODO COMIENZA DE NUEVO!..



Nada podemos hacer ante la muerte. Pero hay alguien que es superior a la muerte y que la ha vencido: Jesucristo.

Los que mataron a Jesús creyeron que ya habían triunfado. Todo terminó como ellos habían planeado. Hasta los amigos de Jesús creían que ya no había nada que hacer. Es en ese momento cuando Dios se revela como un experto en casos únicos, ya que tiene un estilo propio de actuar. Cuando las cosas parecen acabadas, siempre nos sorprende con algo y en esta ocasión no iba a ser la excepción.

Jesús resucita exactamente en la fecha que le había dicho a sus discípulos. Con su resurrección se estaba venciendo a la muerte resucitando para nunca más morir. 
Jesús volvió a la vida. Salió de la oscuridad del sepulcro por su propio poder. Era una semilla con una carga de amor tan poderosa que reventó de debajo de la tierra y brotó con nueva vida.

Con su resurrección estaba dando paso a una vida eterna preparada para todos aquellos que vinieran a Él: “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.” (1 Corintios 15:21, 22)

La Victoria que Cristo nos dio se encuentra en Su Resurrección, el apóstol Pedro lo declara en una de sus cartas: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.” (1 Pedro 1:3-6)

¡Su Victoria es también nuestra victoria!

Creer en la resurrección de Cristo lleva a creer que con Él nuestras luchas llegarán a la Victoria final sobre la injusticia y la miseria. Es creer en el triunfo del amor.

La resurrección de Jesucristo es la primera semilla de la gran resurrección de todos los hombres de la Tierra, cuando ni la muerte, ni ninguna clase de egoísmos, puedan romper el triunfo de la más perfecta hermandad entre los hombres.

¡Cristo resucitado es, pues, nuestra gran esperanza!

Shalom.

P.A. David Nesher

Semana de Hag Ha Matzah: ¿Por qué hemos comido Pan sin levadura?


Autor: P.A. David Nesher

Aprendimos que el día 14 del primer mes del año en el calendario de YHVH, (Éxodo 12:2), se celebra la fiesta de Pesaj o Pascua, día exacto en que Yeshua nuestro Salvador dio su vida para que nosotros pudiéramos ser redimidos del pecado e injertados en el pueblo Santo del padre: Israel. (Romanos 11). 

Recordando que el tiempo del Padre comienza con la caída del sol y hasta el atardecer siguiente, al anochecer del día 14, es decir apenas inicia el 15º día, comienza una Fiesta muy especial: la Fiesta del Pan sin levadura (Hag Ha Matzah). 

¿En que consiste esta fiesta? 

Básicamente, la ordenanza es que durante siete días no se coma pan ni ningún alimento que contenga levadura. El pan que se come en este tiempo es el pan sin levadura llamado matza. 

Primeramente vamos a reforzar la razón histórica para Hag Ha Matzah (la Fiesta de los Panes Sin Levadura). La misma responde al hecho que a Israel se le requería que comiera pan sin fermentar o leudado durante siete días desde el 15 del primer mes. 

Después de muchos años de soportar una cruel esclavitud en Egipto, el pueblo de Israel recibió la oportunidad de salir de Egipto durante la Fiesta de Panes Sin Levadura. Egipto (Mitzraim) y su líder, el faraón, se convirtieron entonces en el símbolo del pecado y de Satanás, influyendo y opresionando a los escogidos del Eterno Dios. 


Lo cierto es que apenas abandonaron la región de su esclavitud, las Escrituras relatan que el faraón persiguió a los israelitas, encerrándolos frente al Mar Rojo. Él no quería que ellos fueran libres. Así mismo es como Satanás tampoco desea que nos escapemos de sus garras y dominios. Israel estaba a su merced, como nosotros lo estamos también día a día en nuestra lucha contra HaSatán. En esta situación descubrimos que nuestra fuerza no es suficiente. Necesitamos la fortaleza del Señor para vencer y mantenernos firmes (Ef. 6:10-12)

Pero el Eterno Dios les proveyó a los israelitas la forma de escapar: ¡directamente a través del Mar Rojo! Y hoy, a nosotros, nos ofrece una forma de escapar por medio de su milagrosa ayuda. El apóstol Pablo explicó que el Mar Rojo fue una especie de bautismo, el comienzo del proceso de conversión hecho posible con la ayuda de Dios (1 Corintios 10:1-4). En la Fiesta de los Panes sin Levadura nuestra memoria se activa valorando el poder santificador de nuestro bautismo.

La Fiesta de Panes Sin Levadura (Hag Ha Matzah) toma su nombre del requisito de deshacernos de la levadura y evitar el pan leudado para comer panes sin levadura durante estos siete días (Éxodo 12:15). La levadura es un símbolo de pecado (malicia e impiedad). 

El proceso de leudado estaba asociado con la descomposición y la putrefacción y por lo tanto simbolizaba corrupción y pecado. La levadura produce fermentación, un símbolo natural de impureza y corrupción moral. Justamente como la levadura hace que la masa crezca, está asociada con lo que es la raíz de todos los pecados, el orgullo. Otros pecados espirituales dañinos que la levadura simboliza, según las Sagradas Escrituras, son malicia, maldad, hipocresía y falsas enseñanzas (1 Corintios 5:8; Lucas 12:1; Mateo 16:11-12).

El apóstol Pablo escribía a los creyentes de Corinto:  "Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad" (1 Corintios 5: 7-8). Vemos en estas palabras cómo la levadura era para los santos del primer siglo, lo mismo que fue para el Israel del Antiguo Pacto: símbolo del  malicia (hipocresía tradicionalista) e impiedad.


En la epístola a los romanos Pablo nos enseña que nuestra antigua y pecaminosa naturaleza (tipificada por la levadura), fue enterrada con Cristo en nuestro bautismo en agua. "porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo…" (Ro 6:4).

Para Pablo y los santos primigenios la interpretación de esta fiesta era unívoca: así como los hijos de Israel fueron bautizados en las aguas del mar rojo, cuando pasaron por el camino que Dios les abrió a través de Él, llevando consigo los panes sin levadura para sostenerse en el viaje de su nueva vida bajo la dirección de Moisés, de igual manera, a los discípulos del Mesías, nos ha sucedido en la nueva vida en Cristo.

"Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados… en el mar" 
(1 Co 10:1 y 2)

Por todo lo hasta aquí expuesto, discernimos que el aspecto personal (individual) de esta fiesta, es el deshacerse de la malicia y la impiedad que hay en nuestras vidas. Sacar la levadura de nuestros hogares nos da una lección objetiva de todo el trabajo y el desafío que implica remover el pecado de nuestra vida. La levadura difícil de encontrar nos recuerda que debemos examinarnos cuidadosamente en busca del pecado, arrepentirnos y pedirle ayuda a Dios para poder sacarlo.

Antes de continuar con este estudio necesito que refresquemos el poder de nuestra memoria considerando que la Cena de Pascua (Pesaj), celebrada el 14 de nisán, representa a Jesús  el Mesías tratando con la culpabilidad de nuestros pecados. En cambio, el pan sin levadura de Hag Ha Matzah habla de Jesús el Señor tratando con la práctica del pecado en nuestras vidas.

El evangelio según san Mateo registra al ángel declarando: "… y llamarás su nombre JESÚS [que significa YHVH salva], porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mt 1:21). Este anuncio angelical conlleva un oráculo acerca de la misión redentora del Mesías revelando el objetivo de la misma: procesar el pecado instalado en el hombre por rebelión.

Por ello se entiende que la Fiesta de los Panes sin Levadura hace referencia al proceso divino en el hombre denominado "santificación". El pan sin levadura nos habla, personalmente, acerca del trato de cualquier maldad o impiedad en nosotros. Es urgente que nos limpiemos de toda maldad, entregándonos a la justicia y no al pecado.

La santificación es un estado de separación para Dios. Todos los creyentes entran en este estado cuando son nacidos de Dios: “Mas por Él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención.” (1 Corintios 1:30). Esta es una separación definitiva, eternamente apartados para Dios. Es una parte intrínseca de nuestra salvación, nuestra conexión con Cristo (Hebreos 10:10).

La santificación se refiere a la experiencia práctica de esta separación en Dios, siendo el resultado de la obediencia a la Palabra de Dios en la vida de uno, y ha de ser buscada fervientemente por el creyente (1 Pedro 1:15; Hebreos 12:14). 

Si leemos lo que el Señor oró en Juan 17 en el verso 16: ... “no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo...” y esto está antes de Su petición: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad...”, notamos que la santificación es un estado de separación para Dios. Teniendo en cuenta los lineamientos que se revelan en la oración sacerdotal de Jesús, será importante agregar que la santificación comprende la separación de los creyentes para el propósito por el cual fueron enviados al mundo: “como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.” (Juan 17: 18-19). Que el Mesías mismo haya sido apartado para el propósito por el cual fue enviado, es tanto la base como la condición de nuestra separación por la cual somos enviados a este mundo (Juan 10:36). Su santificación es el modelo y el poder para la nuestra. El que envío y la santificación son inseparables. Por esta causa los creyentes son llamados santos, traducido del griego hagios que significa: “los santificados” Mientras que anteriormente su comportamiento daba testimonio de su posición en el mundo, en Cristo, separados para Dios, ahora su comportamiento debe dar testimonio de su posición ante Dios y su separación del mundo.

La santificación es la consagración en la que los discípulos deben considerarse a sí mismos la propiedad de Dios, comprados por el precio de la sangre de Cristo (1 Corintios 6:19 - 20). Ellos deben dedicarse a sí mismos a hacer Su voluntad en todos los aspectos de sus vidas. Desde el tiempo de su conversión hasta que ellos entren en el mundo de la eternidad, ellos son los siervos de Dios para hacer el trabajo que Él les asigne para el bien de Su reino.

Este fue el mensaje que Pablo predicó a la iglesia de Corinto al hacerlos reflexionar en el poder de la solemnidad de Pascua. Ellos necesitaban experimentar, en forma individual y a la vez comunitaria, la Fiesta de los Panes Sin Levadura. Tenían gran fe y contaban con muchos dones del Espíritu Santo, pero habían sido corrompidos por las injusticias de la comunidad.

El Calvario expone el castigo de Dios por el pecado.

En la solemnidad de Pascua (Pesaj, Panes sin Levadura y Primicias) nuestras memorias se activan en la confesión de que Jesús se hizo humano para redimir la creación caída. 

Esta activación nos da el poder cuatro principios de Su Sabiduría:

Primero, el Mesías demostró que era posible ser totalmente humano y vivir sin pecar.

Segundo, en la cruz el Mesías sin pecado tomó sobre sí mismo la carga entera de pecado humano-su pena, su contaminación y su poder- (2 Corintios 5:21). Mediante Su expiación las consecuencias del pecado se descartan en la vida del creyente. 

Tercero, Su resurrección victoriosa hizo posible un modo de vida completamente nuevo. Desde ella debe surge que nuestra respuesta ante el pecado debe ser un arrepentimiento vehemente, un deseo de “no pecar más” y vestirnos de justicia, descubrimos rápidamente que no podemos lograrlo por nosotros mismos (2 Corintios 7:10-11; Juan 8:11; Romanos 7:23-25). Necesitamos la ayuda de Dios.

Cuarto, con Su don del Espíritu Santo, Él pone a nuestra disposición el poder para vivir santamente. Un poder que Él mismo experimento en los días de Su carne. El discípulo no tiene que esforzarse mas para cumplir la ley santa de Dios, o sentirse siempre frustrado a causa de la presencia persistente del pecado interior porque la ley del Espíritu en Cristo Jesús le hace libre de la ley del pecado y de la muerte (Romanos 8:1-4).

La Escritura, regocijándose en esta victoria completa de Cristo sobre el pecado, resume Su obra expiatoria como completa en la santificación de Su pueblo (Hebreos 10:10). Para el creyente Jesús "ha sido hecho por Dios sabiduría justificación santificación y redención"(1 Corintios 1:30).

En conclusión, cuando nosotros nos apropiamos de la gracia que Dios ha proveído, encontramos que la santificación viene a ser una realidad vibrante en nuestras vidas. 

Hay dos condiciones escriturales para que este proceso no sufra obstáculo alguno : "El Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que lo pidan" (Lucas 11:13), y "Él da el Espiritu Santo a los que le obedecen" (Hechos 5:32). Discernimos que orando y obedeciendo-andando en la luz como él está en luz (1 Juan 1:7)-purificando y consagrando nuestras vidas delante de Dios, estas son las maneras de realizar la presencia santificadora del Espíritu Santo. Entonces, Dios nos comunica la plenitud de la redención que Jesús ha proveído para Su pueblo, una vida que es agradable a Dios. 

La Fiesta de Panes Sin Levadura nos recuerda que someternos a Jesús es la única respuesta correcta ante su misericordioso sacrificio. No somos salvos por buenas obras; sin embargo fuimos “creados en Cristo Jesús para buenas obras” (Efesios 2:10). Un discípulo que ha sido perdonado buscará la ayuda de Dios para no volver a la esclavitud del pecado.  

En la Fiesta de Panes sin Levadura entendemos que somos pan sin levadura. Somos masa pura, masa sin leudar, sin fermento. Somos puros y sin mancha (Efesios 5:27). El Verbo habita en nosotros. Aquel que es la Verdad y la Vida está en nosotros. Cristo está en esencialmente activo en todo nuestro ser. Su Ley (Torah) está escrita en nuestros corazones y nuestras mentes. Esa ley es la fe, que produce frutos espirituales, que nos hace entrar a un reino inconmovible que no consiste en comida ni bebida, sino en justicia paz y gozo. Ahora entendemos que nosotros somos los panes sin levadura de la fiesta, la cual se celebra todos los días del año porque, en Cristo, fuimos hechos libres una vez para siempre. 

El paso siguiente en el proceso retentivo de Dios está representado por la siguiente solemnidad: Fiesta de Pentecostés. ¡Contemos con esperanza los cincuenta días para nuestra glorificación!

Autor: P.A. David Nesher